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PREGON SEMANA SANTA 2013 A CARGO DE D.CARLOS AMIGO VALLEJO CARDENA ARZOVISPO EMERITO DE SEVILLA



PREGON DE LA SEMANA SANTA
Daimiel, marzo 2013
Y llegado aquel momento, le dijo don Quijote a Sancho. “Primeramente,¡oh, hijo!. Has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio, no podrás errar en nada…. Muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, mas resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia” (11,42).Buenas palabras son estas para que se abran los oídos y atiendan y escuchen la palabra de Dios. Atinado consejo para que los ojos vean yjuzguen de la inconmensurable misericordia que se refleja en todos y cada uno de los momentos de gran misterio de la pasión, muerte yresurrección de nuestro Señor Jesucristo, según lo hemos de ver y entender en la memoria de la Semana Santa, que deseamos seguir sin apartarnos nunca de los relatos de los santos Evangelios. El escenario ya está preparado. Es una ciudad antigua y con horizontes nuevos, añeja por su historia y joven por su empuje y vitalidad. Que no es otra que está  ciudad manchega del Campo de Calatrava que se llama Daimiel. Porque importante y señalada fiesta es la Semana Santa de Daimiel. Con arraigos de antiguas tradiciones y cofradías que han de contar su historia por siglos, con imágenes de notoria hermosura, que son protagonistas de un relato que va recorriendo cada uno de los momentos de los últimos días de Cristo. Una maravillosa catequesis que hace resonar, en la vida de los daimieleños, ecos de los misterios santos vividos por generaciones, enteras. Fue declarada de interés turístico regional en marzo de 2002,pero hacia muchos años más que los habitantes de esta ciudad le habían dado todos los reconocimientos posibles, porque el amor a su tierra y a su gente y la autenticidad de la fe, no se cansaban de bendecir a un Dios tan inmenso que solamente puede caber en el corazón de sus hijos. En este caso, de los hijos e hijas de Daimiel.Ciudad antigua con templos de buena factura arquitectónica, con parques cercanos de reservas naturales, con buena y suficiente heredad.  Por ella pasaron civilizaciones y culturas diversas, que dejaron huellas de sabiduría en la mente de las personas y castillos que hablan de poderíos y órdenes militares. Por aquí se abrieron paso veredas y cañadas reales y Daimiel tuvo puesto de preferencia en la Hermandad del Honrado Consejo de la Mesta.
 
El patrimonio artístico es abundante y hermoso, destacando las iglesias de Santa María la Mayor y la de San Pedro Apóstol. Y si de otros distintos monumentos hay que hablar, sirva el Olivo Milenario y sus famosos vareos. Y también de los hombres y mujeres, de notable relevancia en los campos de la arquitectura y de las artes, que nacieron en esta ciudad y sus hombres traspasaron fronteras internacionales.
Pero si del olivo hemos hablado, en las manos pongamos ramos y palmas, pues el Señor está llegando a las puertas de esta Jerusalén manchega para celebrar, con todos nosotros, las emotivas y piadosas jornadas de la Semana Santa. Estos días recordamos, que es pasar de nuevo por el corazón, momentos que con emoción se viven, y ponen el memorial de la pasión de Cristo en los altares de los templos y en las calles de Daimiel para vivir intensamente la sublime obra redentora del Señor muerto y resucitado.
 
Vamos a ir buscando piedras y cimientos que pongan razón y motivo para una conmemoración que con tantos y tan auténticos buenos deseos quiere celebrarse. Con cuidado hemos de hacerlo, porque casa tan importante no puede edificarse sobre arenas movedizas de efímeros sentimentalismos o de querer acercarse a un misterio de fe vaciándolo de cualquier motivo religioso. El que no cree, ni quiere creer, sea bienvenido de todas las maneras. Tiene un lugar en nuestra fiesta y la Iglesia, las cofradías y la ciudad se lo ofrece, sin imponer tasa de fielato y consumo alguno, salvo la de respetar a quienes tienen unas legitimas e irrenunciables creencias cristianas, y el derecho a expresarlas
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públicamente, que esto es garantía de una verdadera libertad religiosa. La Semana Santa es fiesta de nuestra fe. Y así la queremos vivir. Una Semana Santa es la que Daimiel a nadie excluye y a todos se les invita a participar, aunque de forma diferente sea. Unos se quedarán en la belleza y en el arte. Otros, lo vivirán acompañando a Cristo en su misterio redentor.
 
La fe.
 
Las del anochecer serían cuando, en medio de las tinieblas que amenazaban, se hizo una gran luz: apareció Cristo. Él es la luz del mundo. Y la Archicofradía de la Pasión, en el Martes Santo de Daimiel, va poniendo luminarias de fe al recorrer las estaciones del vía crucis De la casa pasionista va saliendo, más que una imagen, por demás conmovedora todo un pregón de espiritualidad evangélica sobre la pasión de Cristo. Así lo deseaba San Pablo de la Cruz, y así lo quieren anunciar, con su vida y su palabra, quienes forman parte de la Congregación de la Pasión, los Padres Pasionistas, de tanto arraigo en Daimiel que hasta dejaron su sello de sangre martirial de esta Ciudad. Predicar la Pasión de Jesucristo, quería San Pablo de la Cruz, como “el don más maravilloso del amor de Dios, la fuerza que puede transformar al hombre y al mundo entero”.
Benedicto XVI nos llamaría a una nueva evangelización y convocaba un año de la fe. Quería que se abrieran foros y atrios para el diálogo entre la fe y la razón, la revelación y la cultura. Una nueva evangelización que iluminara la inteligencia, orientara la libertad, renovara los sentimientos y comprometiera toda la vida. Una nueva evangelización que necesita de un corazón nuevo para un cántico nuevo, como decía San Agustín. En ese cántico, la oración, el estudio, la investigación, el interés por la ciencia, la formación integra de la persona, son notas imprescindibles para que la sintonía sea lo más perfecta posible.
 
Una Semana Santa siempre igual y cada año nueva en una fe siempre viva, ¿Por qué un año de la fe? Porque hay necesidad de reavivar lo que en el bautismo se había recibido. Se quiere hacer como una peregrinación entre esos desiertos del mundo contemporáneo, como son los del materialismo entre esos desiertos del mundo contemporáneo, como son los del materialismo que carcome las raíces de la fe, el relativismo que roba el valor a todo y el nihilismo que es el absurdo de no creer en nada ni en nadie. Para este viaje de fe habrá que llevar consigo lo que es esencial e imprescindible: el agua viva que es Cristo.
 
Con Cristo se abren los ojos para ver el misterio, arde el corazón, se encuentran razones para vivir y para esperar, se comprenden las Escrituras, se transforma la persona y se encuentra a Dios. Sin Cristo se oscurecen los ojos a la luz de la fe, llega el entristecimiento y la desilusión, se sospecha y duda de las revelación, la persona se vuelve insensible a los signos de la fe y se vive en la profunda tristeza de la soledad de si mismo.
 
Habrá que trazar nuevos senderos, pero no olvidar nunca que el verdadero camino es siempre Jesucristo. La mies es mucha y las posibilidades inconmensurables. No nos aflijamos por la debilidad, sino que respiremos hondo para emprender con alegría una tarea de Evangelio. De ninguna manera estamos en retirada, sino ante horizontes muy elevados y que requieren la responsabilidad de un compromiso ineludible. Los problemas son muchos, las esperanzas de solución muchas más. Casa y espacio para la caridad ha de ser la Iglesia. También sal de la tierra y, ante todo, sacramento y signo de la presencia del Espíritu de Jesucristo en el mundo.
 
El Papa Francisco, nuestro nuevo Papa, en su primeros discursos y homilías, ha ido dejando caer sobre los surcos de la Iglesia unas semillas de palabras que pueden ser como luces indicadoras de los objetivos generales de su pontificado y el estilo con el que desea trabajar para alcanzarlos.Primero se escuchó decir, al Papa Francisco, que se había de caminar en la presencia de Dios y de forma irresponsable. Sin detenerse. Después, edificar sobre aquella piedra angular que es el mismo Señor. Y confesar. Pues si no damos testimonio de Jesucristo, no seremos Iglesia. Y con la cruz a cuestas, que en ello hemos de ser reconocidos como cristianos.
 
Ni amargura ni pesimismo, pero con un profundo sentido de la responsabilidad que nos corresponde. Tendiendo puentes entre la unidad y la diferencia, que esto es armonía en el Espíritu del Señor. Servir al Evangelio con renovado amor para llevar al hombre el encuentro con Jesucristo.
 
A cuantos estábamos en la plaza de San Pedro, tanto en el rezo del Ángelus, como en la celebración de inicio del ministerio del nuevo Papa, nunca se nos olvidarán aquellas palabras sobre la misericordia y la ternura. “Un poco de misericordia haría al mundo menos frío, más justo”.
Y custodiar, que es tanto como tomar como propia la obligación del bien cuidar a los demás. Hacerlo con discreción y humildad, con esmero y amor, con atención constante y fiel a las disposiciones de Dios, con respecto a todas las criaturas, especialmente las más frágiles. “Vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas; las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo a la bondad, más aún, ni siquiera a la ternura…., que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario; denota fortaleza y capacidad de atención, de compresión, de verdadera apertura al otro, de amor”.
 
Las puertas de la esperanza siguen abiertas de par en par. Nunca pueden cerrarse, porque la Iglesia existe para llevar a todo el mundo el mensaje de salvación que recibió de Jesucristo. Los gestos y palabras del nuevo Papa han fortalecido nuestra fe y la están llenando de la alegría de saber que Dios está al lado de su pueblo. Por eso, lo que ahora respiramos y vivimos no es sino el admirable resultado que produce en el corazón del hombre el don de la paz.
 
La familia
 
¿Y por que viene el Señor montado en una borriquilla?.¿Y por qué llevamos ramos de olivo en la mano?, ¿Y por qué cantamos y hacemos fiesta?. ¿Y por qué lo van a matar?. Y tantas y tantas preguntas a las que los padres y los abuelos desean responder, ayudándose de lo que saben de Cristo y de lo que quieren a sus hijos y a sus nietos. Las preguntas las hacen los niños, el testimonio de fe los mayores. Pero no solo son estos padres que están tomando de la mano a sus hijos mientras va saliendo de la parroquia de San Pedro Apóstol el paso de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, sino que son los padres de los padres de los padres y los abuelos de los abuelos de los abuelos, los que han ido transmitiendo a sus hijos y nietos los convencimientos más profundos de su fe en Jesucristo.
Difícil, creo que casi imposible, seria el querer comprender y vivir la Semana Santa de Daimiel sin tener en cuenta a la familia y todo lo que ella representa en la existencia de cada uno. Han pasado muchos años. Pero tu memoria esta repleta de recuerdos, que son las huellas que el amor y el sufrimiento dejarán en el corazón, de aquello que un Domingo de Ramos escuchaste de los labios de tus padres. Y hoy te parece, después de tantos años, que estás sintiendo el calor de la mano de tu madre que aprieta la tuya y te dice, mientras vuelve tu cara para que veas la de Jesucristo: ¡es el Señor, es el Señor! Y tu comprendes que ese Señor es tu hermano del cielo, pues al pasar a tu lado y sabiendo de los sufrimientos que Cristo ha de soportar, has oído a tu madre que decía al Señor, y con inmensa ternura; ¡hijo mío!.
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Muchos son los elogios que merece la familia. Siempre nos quedaremos cortos, pues muy hondos y sólidos son los cimientos en los que se apoya una institución que tiene su mejor credencial de validez en el amor de las personas. Sin embargo, hay dos maneras particulares de sufrir Una está en el pecado, la otra, en el amor. ¡Cuanto darías por tener a los tuyos contigo, aquí en esta Semana Santa, en Daimiel! Hay muchos padres que no han tenido que esperar a que sus hijos se mueran para perderles, se los ha robado la droga, la falta de esperanza, el no tener trabajo, ni casi razones para vivir y para esperar. Pero también hay muchos huérfanos de padres vivos, deambulando de casa en casa y sin saberse dar explicación del porqué ellos sean las victimas de una rupturas que nunca desearon.
La familia es una comunidad de vida y de amor. Por eso, no bastan los simples vínculos jurídicos, es necesario poner buenos cimientos de entrega reciproca, y de olvidarse de uno mismo, tratando siempre de hacer felices a los demás. Cuando sientas el calor de la mano de tu hijo, de tu hija, que te hace esas mil preguntas mientras el Señor del Domingo de Ramos va saliendo de la Parroquia de San Pedro Apóstol, piensa que en él está resonando la voz de un Dios que no quiere sino la felicidad y el bienestar de la familia.
 
La cultura
 
Y ya, querido y fiel Sancho, en colores hemos de meternos: los Coloraos, los Moraos, los Blancos, los Negros… Y no sé si con tonalidades distintas, pero también hemos de ocuparnos de los Corbatos y de los Capuchinos. Que así es como llama y conoce Daimiel a las Cofradías del Santísimo Cristo de la Columna y María Santísima de la Amargura, a la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a la del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores, a la del Santísimo Cristo del Sepulcro, a la de Nuestra Señora de la Soledad o la de María Desolada, Reina de los Mártires, Hermandad del Silencio.
 
El pueblo tiene su propio lenguaje, sus expresiones particulares, su modo de sentir, sus gustos y valoraciones. La ha ido reuniendo y cuajando a través de la historia, de los tiempos y de las tradiciones. Es la cultura, parte imprescindible en las celebraciones de la Semana Santa de Daimiel. Pero teniendo muy bien en cuenta que la cultura es vivencia, escenario y apoyo, pero que solamente Jesucristo y su misterio redentor con los protagonistas. Véanlo sino ustedes mientras escuchan la música de “El Niño Perdido”, junto a la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, cuando aparecen los pasos de: Niño Jesús, Coronación de Espinas, Pilatos, Jesús Ayudado por el Cirineo, Jesús Consuela a las Mujeres de Jerusalén, la Verónica, Jesús Nazareno y la Virgen del Primer Dolor. Todo habla de Cristo y sin Cristo no tiene explicación alguna lo que contemplan vuestros ojos.
Habrá que saber escuchar en la cultura de esta ciudad de Daimiel y aprender a vivir la espiritualidad de los valores que la tradición cristiana ofrece. “La cultura, ese modo particular en el cual los hombres y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos, con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana (ef. Gaudium et spes, 53). Ni hay cultura si no es del hombre, por el hombre y para el hombre. Esta abarca toda la actividad del hombre, su inteligencia y su afectividad, su búsqueda de sentido, sus costumbres y sus recursos éticos. La cultura es de tal modo connatural al hombre, que la naturaleza de éste no alcanza su expresión plena sino mediante la cultura” (Consejo Pontificio de la cultura. Para una pastoral de la cultura, 2).
“No se puede negar que en el hombre existe siempre en una cultura concreta, pero tampoco se puede negar que el hombre no se agota en esta misma cultura. Por otra parte, el progreso mismo de las culturas demuestra que en el hombre existe algo que las trasciende. Este “algo” es precisamente la naturaleza del hombre. Esta naturaleza es la medida de la cultura y es la condición para que el hombre no sea prisionero de ninguna
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de sus culturas, sino que defienda su dignidad personal viviendo de acuerdo con la verdad profunda de su ser” (Veritatis splendor, 53).
La imagen
Antonio Castillo Lastrucci supo imprimir, en la venerada imagen Titular de la Real e Ilustre Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo del Consuelo, tanta expresión de realismo en lo humano, con una dulce serenidad que lleva a la devoción y a saber transcender, más allá de la belleza de la imagen, al misterio sublime que representa. La sangre, que poco se nota en la imagen, hierve a borbotones la emoción en el Miércoles Santo daimieleño y hace sentir la grandeza del misterio de un crucificado lleno de humanidad, y con las manos llagadas y abiertas, que habla al Dios misericordioso y consolador. La imagen atrae nuestra mirada y nos conduce más allá de la simple iconografía y la belleza del arte, nos interroga e induce a reflexionar. “La elección del artista nos sitúa fuera del puro realismo, nos hace ir más allá de la simple narración de los hechos para introducirnos en un nivel más profundo (….). Se busca la luz de la verdad. Es la luz de la gracia divina, indispensable para adquirir una nueva mirada, con la cual percibir la realidad orientada a la esperanza que os está reservada en los cielos” (Benedicto XVI, Homilía de Visperas, 4.7.09).
Esta es la función de la imagen, ayudar a transcender y a saber ir leyendo el misterio de fe y de salvación cristiana que se expresa en lo sensible de la madera. Sin fe, la talla seria hermosa, pero no tendría vida.
La Cofradía del Consuelo es una hermandad sacramental. No es simplemente un título, sino expresión del mensaje que quieren ofrecer, los hermanos y hermanas, del gran misterio de nuestra fe: la Eucaristía. Lo material está en el pan, la vida en la palabra de Cristo que transforma todas las cosas y llena de gracia el pan de cada día para que se convierta
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en el Cuerpo y la Sangre del Señor. En la imagen, Cristo se representa. En la Eucaristía, Cristo está vivo con su cuerpo, alma y divinidad. “La Eucaristía es el sacramento en el que se concentra toda la obra de la Redención: en vida, de la violencia en amor. Con los ojos de la fe reconocemos oculta bajo el velo del pan y del vino la misma gloria que se manifestó a los Apóstoles tras la Resurrección” (Benedicto XVI, Homilía de Vísperas, 4-7-09).
El altar y la calle
Su antigüedad, la de la Semana Santa de Daimiel, hay que contarla por siglos. Pero no es tanto el recorrer de los años lo que celebraremos, sino la presencia por las calles daimieleñas de unos misterios sobrecogedores que han sabido desafiar el paso del tiempo.
Se admiraban las gentes del heroísmo de los mártires. De cómo esos hombres y mujeres dejaban su vida en las calles y en las plazas. Descuartizados sus cuerpos, pero encendida su fe y dando testimonio de su identidad cristiana. Ante tal extrañeza, San Agustín lo explica: estos hermanos y hermanas nuestros no han hecho en la calle y en las plazas algo distinto de lo que han celebrado en el templo y en el altar, pues se han sentando con Cristo en la Santa Cena y se han ofrecido para ser fieles seguidores de su Señor en todo momento. Han orado, como Jesús en el Huerto; han sentido la persecución, como Jesús Cautivo, han sufrido la Flagelación y el Tormento, estuvieron tentados como Pedro y gustaron la Amargura.
Encarnada es la túnica que viste esta Cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y María Santísima de la Amargura. Color de martirio y de testimonio. ¿Por qué sacamos nuestras benditas imágenes a la calle? Porque deseamos compartir con todos lo mejor de nuestra fe: el
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seguimiento fiel a Cristo. No hay afán alguno de presunción, sino de ofrecimiento. Si las puertas de los templos parroquiales de Santa María La Mayor y San Pedro Apóstol están abiertas de par en par, lo es para que todos puedan entran y a nadie se le pida razón alguna del porqué lo hace. Pero también están franqueadas para que todos comprendan la incuestionable misión de la Iglesia, que es la de salir al mundo y evangelizar y ofrecer a todos los hombres y mujeres una razón de esperanza en la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
El cristiano no puede refugiarse en la tranquilidad del templo, sino que tiene que cumplir el mandato de Jesucristo de predicar abiertamente el misterio de Dios en todos los ámbitos de la vida pública y social. El cristiano, donde quiera que se encuentre, tiene que ser testigo del Señor muerto y resucitado.
El amor y el dolor
Mirad y ved si hay dolor como mi dolor. Mirad y ved si hay amor como mi amor. Carmelitas y Servitas se unieron y fusionaron para dar mayor culto y veneración a la Señora de los Dolores. En esta Cofradía se habla de San Juan, el discípulo amado, de la Elevación de la Cruz y el Cristo de la Expiración, que significan el culmen del sacrificio en una muerte entregada en amor por todos.
Imágenes de dolor y sufrimiento son éstas. Podemos comprender la hermosura de la imagen, pero no el dolor ni el sufrimiento que cada uno lleva dentro. Nos enerva y rebela la violencia y la extorsión, el sufrimiento de los inocentes, las guerras y los enfrentamientos, las heridas y las lágrimas de tantas y tantas gentes. No intentes comprenderlo. No tiene razón ni sentido. Pero fíjate bien que al lado de la cruz de Cristo esta su
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madre, Nuestra Señora de los Dolores. Allí, junto a su hijo. Y estaba deseando que la cruz, la expiración y la muerte llegaran hasta ella, y que pudiera padecer y morir antes de contemplar a su hijo sufriente en la cruz. El dolor y el sufrimiento no se comprenden, el amor todo lo explica y no se le puede pedir razón, pues el amor a los que se quiere solamente se entiende queriéndoles con toda el alma.
De la mañana a la noche rompiéndote el alma en el trabajo para sacar adelante a tu familia. ¡Que sacrificio tan grande! Y más horas que tuviera el día, puedes decir, si ello sirve para llevar bienestar a los que más se quiere. El amor todo lo explica. Y cuantas veces has pedido a Dios, al vislumbrar el posible dolor o desamparo de tus hijos, que lo sufrieras tu mismo, tu misma.
Antes de ver padecer a los que quieres tanto que hasta por ellos darías tu vida. El mal y el dolor no se comprenden. El amor necesita de muy pocas explicaciones. Esa, y no otra, fue la razón de la muerte del Señor Jesucristo, entregado por nuestros pecados y resucitado por nuestra justificación, como dice San Pablo.
La misericordia
De nuevo, una imagen de Antonio Castillo Lastrucci. Una admirable sensación de armonía entre muerte y vida. Lo negro del sepulcro y la serenidad majestuosa de la imagen del rostro de Cristo, están como repitiendo la profecía de que esa tumba quedara vacía pasadas las horas y cuando llegue el tercero de los días.
La hechura de las imágenes de esta Hermandad del Santísimo Cristo del Sepulcro es casi reciente. Pero documentos acreditan de la antigüedad de
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esta Cofradía que, representando el entierro del cuerpo muerto del Hijo, hace comprender la inagotable misericordia del corazón de la Madre que va ofreciendo clemencia, misericordia y perdón. Que esto es Piedad.
Y la Piedad lleva a sentir la grandeza de la misericordia. Solo la inmensidad de la misericordia divina explica que puede cambiar el corazón del hombre, insensible como la piedra, en un corazón de carne lleno del amor de Cristo.
“También en los momentos mas difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de en fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los *corazones de piedra+ en *corazones de carne+ (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más *divina+ y por tanto más digna del hombre” (Caritas in vertate 79).
Para el cristiano, la misericordia se hace criterio de discernimiento para saber de la bondad de las acciones y de la coherencia con la ley de Dios. El que ha recibido misericordia ha de hacerse misericordioso. Esto es señal y garantía de estar en el camino verdadero de un amor auténtico. La misericordia se acepta como don de Dios y se hace vida en ideas y conducta. Y ya, revestido de ella, el hombre aparece como testigo creíble de la misericordia. La fuente de la misericordia está en el mismo corazón de Cristo, pues allí encuentra lo ancho y profundo del amor de Dios, con el que se desea estar y al que se quiere proclamar misericordioso. Como decía Juan Pablo II, la misericordia , igual que la cruz, es “como un toque del amor eterno sobre las heridas más dolorosas de la existencia terrena del hombre” (Divis in misericordia 8).
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La devoción a la Señora
Los Corbatos y los Capuchinos unidos, sino en el tiempo, pues la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad se remonta al siglo XVII y la de María Desolada, Reina de los Mártires, Hermandad del Silencio, se fundara a mediados del siglo pasado, están muy hermanadas en la veneración a la Madre de Dios, a la que quieren acompañar en su Soledad y Regreso del Sepulcro y Desolada.
María, la virgen de Nazaret y la Dolorosa en el Calvario, es la madre de la misericordia. Primero fue profeta que proclamaba la misericordia de Dios. Después, María, ha experimentado la misericordia. Sabe como nadie lo que es la abundancia del favor de Dios y también lo que lleva el sufrimiento la participación en la obra redentora de su Hijo. “Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el beso dado por la misericordia a la justicia” (DM9).
Bien merecido tiene María el título de Madre de la misericordia. Por haber sido elegida para ser Madre del Misericordioso, por la identificación junto al Hijo crucificado, por acercar a los hijos redimidos a la fuente del amor misericordioso del Redentor. Y de “generación en generación” la historia del pueblo creyente expresa su convencido amor a la Madre de la misericordia.
Luz y resurrección
Al final de nuestra peregrinación por los distintos momentos de la Semana Santa, y al despedirnos de la noble ciudad de Daimiel, hemos querido
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visitar el sepulcro donde habíamos depositado el cuerpo muerto de Cristo. Está vacío
¡Que se haga la luz!. En esta nueva creación pascual aparece una luminaria completamente nueva. Cristo resucitado, el que había muerto por nuestros pecados, vive para la justificación de nuestra fe. El pueblo que caminaba en tinieblas recibirá una nueva luz, la que viene del resplandor de una tumba vacía. Este es el pregón pascual que continuamente ha de proclamarse en la vida y en la misión de la Iglesia: ¡Cristo ha resucitado!
Cristo ha resucitado y nosotros somos testigos de ello. Este es el anuncio y el mensaje que la Iglesia sigue proclamando desde el primer Domingo de nuestra Pascua cristiana. Como repetía Benedicto XVI, cualquier proyecto de reforma en la vida de la Iglesia será siempre ineficaz sino está moldeado por la identificación con Cristo. Si vivimos con él, dejaremos vacíos muchos sepulcros de miedos y desesperanzas. Solamente Cristo es capaz de llenar nuestra vida.
Epílogo
Ha terminado la Semana Santa. Se dejaron túnicas y capillos. Ahora a cara descubierta, haciendo la caridad y rezando a Dios. Este es tiempo de amor al prójimo y de ponerse, con la oración, en diálogo permanente con Dios. Pero guardaremos el sentido `penitencial marcado por la identificación con la cruz de Cristo. Que el Señor nos libre de presumir de otra cosa que no sea la grandeza de la misma cruz.
De regreso a nuestro lugar solariego, hemos querido pasar por la dehesa de Tamarosa, en Torralba de Calatrava, y nos hemos encontrado con un santuario dedicado a la Señora de las Cruces, patrona de Daimiel. Ella nos
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dijo que Daimiel no era solamente la ciudad donde mucha gente había nacido, sino un espíritu, una forma de hacer, un comportamiento y un sentir, una gloriosa historia y un futuro lleno de esperanza. Y una casa y una escuela donde se aprende y vive una particular, auténtica y profunda devoción a la Madre de Dios, la querida Virgen y Señora de las Cruces.
Y como no podía ser de otra manera y estando en la Mancha, nos hemos topado –que es palabra bienvenida cuando de las cosas de la Iglesia se trata con el mismísimo don Quijote y su escudero Sancho. Y tomándome del brazo vino a decirme el ingenioso hidalgo: tómese vuestra merced y vayamos de nuevo a Daimiel, que es ciudad antigua, noble y piadosa. Y démonos prisa, porque las puertas de la parroquia de San Pedro se están abriendo para que salga el Señor montado en la borriquilla. Sancho se relamía de los gustos, pues le parecía que su humilde y buen compañero, el humilde asnillo Rucio, había sido elegido, y con todo derecho y merecimiento, como el “borriquillo del año”, para hacer de trono al Señor Jesucristo y nada menos en la Semana Santa de Daimiel.
Y las del alba serian cuando regresamos a Daimiel para celebrar con devoción la Semana Santa que, un año más, y en esta ciudad manchega del Campo de Calatrava, ya, comenzaba.
Carlos Amigo Vallejo

 

Cardenal Arzobispo Emérito de Sevilla
 
 
publicado el lunes, 09 de abril de 2012
PREGÓN SEMANA SANTA 2012 A CARGO DE D. ENRIQUE GALÁN RUEDAS
CELEBRACIÓN PENITENCIAL SEMANA SANTA 2012 publicado el lunes, 26 de marzo de 2012
VIII ENCUENTRO MÚSICA SACRA, SEMANA SANTA 2012 publicado el lunes, 26 de marzo de 2012
CONCIERTO SEMANA SANTA 2012 publicado el lunes, 26 de marzo de 2012
PREGÓN SEMANA SANTA 2012 publicado el lunes, 26 de marzo de 2012
CHARLAS CUARESMALES SEMANA SANTA 2012 publicado el martes, 06 de marzo de 2012