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Pregón 2008 - Manuel González López-Corps, Pbro. (Madrid)
D. Manuel González López de Corts - Pbro. (Madrid)

 

Anuncio y celebración de la Semana Santa
Sábado 15 de marzo 2008, Daimiel (Ciudad Real).
P. Manuel González López-Corps, Pbro. (Madrid)
Hermanos sacerdotes que formáis el presbiterio de Daimiel, estimados miembros de la Junta de Hermandades de Semana Santa, Presidentes de las Cofradías y Hermandades de la Villa, autoridades municipales ...:
Gracias a la estima de Mons Antonio Astilleros Bastante y a vuestra amable invitación, que no me merezco pero que agradezco, me encuentro en vuestro pueblo, entre vosotros, en el corazón de nuestra tierra manchega.
7. Presencia que es anuncio.
Con nuestra presencia aquí, en esta parroquia de san Pedro, estamos anunciando ya a todos y a cada uno, y en alta voz por boca de este pregonero, un mensaje del cual no nos avergonzamos. Una buena noticia: que Jesús, el Cristo, es nuestro Señor. Y que nosotros, con todos los creyentes del mundo, con toda la Iglesia, afirmamos que Jesús vive. Este es el objeto gozo de este pregón, ¿cuál? Se nos puede preguntar extrañados... Pregonar, o lo que es lo mismo, anunciar, que Cristo muerto y sepultado, está vivo.
*   Pregonar a los cuatro vientos que Cristo es el Kyrios, el Señor que después de su pasión, anunció a todos los hombres y mujeres de la historia que hay acceso a Dios.
*   Anunciar que Jesús el Nazareno, el que experimentó la Pasión, el que necesitó nuestro Consuelo ante la Expiración, es hoy el Cristo de la Luz.

 

*   Pregonar que sólo Él es el Ungido de Dios, y aunque muerto por
nuestros pecados ha sido levantado del sepulcro para nunca más
morir.
*   Anunciar que el muerto no solo está vivo, y vivo para siempre, sino que es el Señor de la vida y... de la nuestra.
*   Pregonar es anunciar una Buena Noticia. Éste es el significado de la palabra Evangelio. Y esto con una consecuencia: podemos encontramos con Jesús. Basta que le confesemos como Señor nuestro para que, de una vez por todas, nuestra vida cambie.
 
*    Estamos anunciando esperanza, los morados y los blancos, los coloraos, o los negros... las parroquias, las comunidades de consagrados, las ocho hermandades, todos los creyentes de Daimiel.
*    No menos lo pregonan mañana los niños con sus ramos o los que velan el sacramento la noche del Jueves en el preludio del Triduo. Lo pregonan en sus vidas también los enfermos y los ancianos, los laicos y las religiosas, monjas y hermanos consagrados, cofrades y familias, pastores y fieles, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes. Todos los que nos movemos en torno a esta Semana Grande estamos sembrando esperanza para todo el año.
I. L La luna se recorta en el horizonte de la meseta manchega. Esperamos la Luna Llena que señala el final del invierno. La Luna Llena Pascual: la primera Luna llena de la primavera. Porque la Pascua cristiana se celebra el primer domingo después de esta Luna que en este año de gracia de 2008 coincidirá con el 23 de marzo.
Será la Pascua más temprana desde 1913. Ni los más ancianos de Daimiel recordarán una Semana Santa tan temprana. Una luna de llena de primavera que este año anda como con prisa por dar a conocer un mensaje tan pletórico: la fiesta de las fiestas. Pero, atención, cada una de las doce lunas llenas del año recordarán ésta, y lo que queremos vivir como proyección, en cada uno de los días que jalonan las semanas y los meses. Porque esta luna llena, cuya fecha estamos pregonando, muestra que nuestra fe es permanente. La luna tiene cuatro fases, y cada una está marcada por un día santo, grande, auténtico: el primer día de la semana, que nosotros llamamos domingo, es decir, un día para el Señor, un día del Señor. Cada domingo, cada fase de la luna, Pascua semanal, concentra lo que vivimos en esta solemne cita: la Pascua anual. Celebrar, pues, esta Semana de luna llena de primavera, es un compromiso de que queremos vivir con autenticidad cada domingo, cada comienzo de cada semana, durante todo el año. Esta cita anual expresa la cita que cada ocho días tenemos con el Señor.
Vivir intensamente esta Semana que se inicia mañana es también un Pregón, una manifestación; primero ante nosotros mismos, ante nuestras familias y, después, ante todos los demás... Un anuncio de que nuestra vida tiene sentido porque creemos que lo que pasó en Jerusalén hace dos milenios afecta a mi vida hoy en 2008. Ese es el testimonio que pide la fe.
Reunimos estos días en santa María o en san Pedro, participar en los monasterios o en las capillas de nuestras comunidades es un anuncio de la muerte y resurrección de Jesucristo hasta que El vuelva. Somos nosotros mismo una manifestación viva para los que nos vean ir a la iglesia y después prolongar en la procesión de nuestras calles lo que hemos vivido en las celebraciones. Si vivimos la acción litúrgica y la continuamos en la procesión, la gente nos admirará y querrá venir a unirse a nosotros. Seremos así un anuncio vivo que abre posibilidades nuevas y da sentido a nuestra vida. Lo contrarío sería mero espectáculo.
Celebrar la Semana Santa no es algo vacío de contenido porque estamos convencidos de una certeza: anunciamos ante el mundo, tantas veces ajeno cuando no en contra, anunciamos a un muerto de quien toda la villa de

 
Daimiel afirma que vive. Que esta Buena Noticia lo anuncien y pregonen los tambores y cornetas, unidos a nuestras voces y a las trompetas del cielo.
II. Del anuncio a la celebración
Durante la Semana santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén. Mañana comenzamos esa Semana Grande, Semana Santa, Semana Auténtica. Semana Santa no por la luna. La luna llena marca su lugar en el año. Es la Semana de las semanas porque ella encierra una noche. Noche anhelada durante todo un año: la santa Pascua. Nada en todo el año hay comparable con ella: Oh noche más clara que el día. Noche santa de Pascua, la noche del tránsito, la noche del paso de las tinieblas a la luz, de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Una Semana Santa que contiene una Noche Santa; nuestra noche santa: noche en que se une lo humano y lo divino.
Ciertamente, la Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. Los ramos conservados en nuestras casas, ventanas y balcones recuerdan a todos la victoria de Cristo, que se ha celebrado con la procesión y que anticipan la celebración de esa Noche de Victoria que es la Pascual.
Una noche que no se puede entender si no es inserta en un Triduo: tres días. La Pascua contiene tantos misterios que no basta una noche y un día. Precisamos como poco tres: un Triduo. Nos disponemos a celebrar una Semana que anuncia un Triduo: tres días que se prolongan durante una cincuentena o Pentecostés.
Después de una autentica Cuaresma nos disponemos a celebrar el santo Triduo: Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de Resurrección, con el solemne preludio de la tarde-noche del Jueves Santo.
77. 2. El Triduo Pascual
La Iglesia, la comunidad de los cristianos, cada año - cuando llega la primera luna llena de primavera- celebra los grandes misterios de la redención de los hombres desde la Misa vespertina del jueves en la Cena del Señor "hasta las Vísperas del domingo de Resurrección". Este período de tiempo lo denominamos el Triduo del crucificado, sepultado y resucitado; se llama también Triduo pascual porque en su celebración se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre.
II. 3. La misa vespertina en la Cena del Señor
Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo pascual y evoca aquella última cena, en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen.
Daimieleños: Es el inicio. Sólo el inicio de los tres grandes días de esta Villa. Pero un gran inicio. Es decir, toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la Misa:
         la institución de la Eucaristía,
         la institución del Orden sacerdotal,
         y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna.

 
El lavatorio de los pies, que, según la tradición, se hace en este día a algunos hombres previamente designados, significa el servicio y el amor de Cristo, que ha venido no para ser servido, sino para servir. Unos cristianos que quieren vivir profundamente la Semana Santa no pueden olvidar a los más necesitados. Las campañas de Caritas, Manos Unidas, Ayuda a la Iglesia Necesitada brotan del Jueves Santo, día de la caridad. En la colecta de ese día se recoge el fruto de nuestros ayunos cuaresmales. Y lo que se hace el Jueves santo es un ejemplo de cómo vivir en el resto del año. ¿de qué nos valdría gastar en tronos, andas, altares, plata, cera, flores o adornos de la imágenes si la imagen de Cristo en el hermano que sufre y siente está olvidada? Cristo ha resucitado. Ya no muere más. Vive glorioso para siempre; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Pero su Pasión continúa en tantos hombres y mujeres. Hagámonos presentes ahí. Ese será el mejor pregón profético.
Este anuncio, este pregón se convierte ahora en una invitación. También para la noche que nos introduce en el Misterio Pascual: vayamos un rato, solos, tranquilos, respondiendo a la invitación del mismo Señor que nos dice: Velad una hora conmigo. Es una visita que ya hemos preparado bajando la imagen del Cristo de la expiación, o con la devoción al Cristo de la luz, respondamos dando Consuelo a Cristo. En la noche en que procesiona el Señor de la columna, dediquemos un rato a paliar, con María, la amargura de Getsemaní.
II 4. PRIMER DÍA DEL TRIDUO: VIERNES SANTO de la Pasión del Señor
Callan las campanas en este día: es el día en que recordamos que fue inmolado Cristo, nuestro cordero pascual. Y la Iglesia, y en ella, los cristianos de Daimiel, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz a la vez que se intercede por la salvación de todo el mundo.
En este Viernes de la Pasión del Señor no se celebra la Eucaristía. Todos, sin excepción, según recuerda el Sermón del mandato están llamados a la penitencia por medio de la abstinencia y el ayuno. Como olvidar que con su entrega a la muerte:
él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Todo el día está centrado en Él ya desde la procesión de Jesús nazareno. Y todos somos convocados al Via Crucis, momento comunitario solemne para después vivir en nuestras parroquias y capillas la celebración litúrgica de la Pasión del Señor. Escucharemos el relato de la Pasión según san Juan, oraremos por todos. Y esa Cruz que vemos desfilar por nuestras calles la adoraremos, la besaremos como la veneramos junto a los enfermos, los abandonados, los pobres, los que viven en su carne aún el sufrimiento del
Viernes santo.
 
Vayamos tras el Cristo que expía los pecados de los hombres, que se masque el silencio en la procesión de que conduce al sepulcro, y escuchad a María, a quien el Viernes recibimos como Madre. Escuchadla decir: Vosotros que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como mi dolor. Daimieleños, acompañar a María en su soledad es un compromiso para acompañar cada viernes, ojala más aún, a los ancianos solos, a los que la familia no visita.
 
Oh por todas partes desconsolada Señora...Acompañemos la soledad de María, cada semana del año en las imágenes vivas de los que en las residencias o casa están solos. Así la vivencia de la Semana santa transformará la sociedad de Daimiel en todo el año.
 
II. 5. SEGUNDO DÍA DEL TRIDUO. SÁBADO SANTO en la sepultura del Señor
Día de silencio y recogimiento ante la desolación. Día, todo él, de preparación y esperanza. Han sido muchas las vivencias del Viernes. Mayores cosas sucederán aún el domingo. Por eso, durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su resurrección.
Hoy tampoco hay Misa, ni sacramentos festivos. Por la mañana las religiosas de Daimiel nos invitan en sus capillas a la oración. Ante la aparente desolación queremos responder con la meditación y el silencio: el Señor Jesús está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y Él ha descendido al Abismo de la historia. Y junto a Él, está la Iglesia, nutriendo su fe y esperanza en la victoria pascual, del corazón creyente de la Santísima Virgen.
El desfile procesional y su oración preparatoria son ideales para desarrollar una catequesis sobre el artículo de fe que rezamos en el Credo: descendió a los infiernos. (Cat 631 -637).
//. 6. TERCER DÍA DEL TRIDUO: DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
a. La Vigilia pascual en la Noche santa
Estamos en lo más importante. El inicio del tercer día. Por eso, según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la vigilia que tiene lugar, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como el centro de las celebraciones. Todas las procesiones, y cualquier celebración cobran sentido como preparación de este momento y toda la vida de la Iglesia parte de aquí. Si Cristo no hubiera surgido del sepulcro, nuestra fe sería vana, ¿de qué nos valdría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados de la muerte? Durante la vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Si no hay catecúmenos para los bautizos y la confirmación, al menos, todos los cristianos renunciamos a Satanás confesamos nuestra fe en la santa Trinidad, en el Hijo divino, que nos revela el amor de Dios Padre y nos concede la fuerza de vida del Espíritu.
Es la noche santa. Hemos vivido la vela de la noche del Jueves al Viernes. Pero ésta es noche larga, celebración prolongada. La Noche de las noches, la celebración más prolongada y más gozosa. Todas las cofradías, y cada hermano en particular sabe que los esfuerzos realizados han sido en función de esta noche santa. La noche de Daimiel ha de ser este año clara como el día. Los niños salgan con campillas y cascabeles, los jóvenes y mayores con lámparas en las manos. Todo se hace nuevo. Todo comienza. Ayer quedó atrás. Por eso, ante la hoguera decimos «Cristo ayer y hoy, principio y fin, alta y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos» {Misal romano, preparación del cirio pascual). (Ap 21;l-24 y 22;12-16):
 
Todos los años, durante la Vigilia pascual, la Iglesia renueva esta solemne aclamación a Cristo, Señor del tiempo. Jóvenes y ancianos están convocados juntos para celebrar a Cristo que, como dice la Escritura, es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8). El es el Señor de la historia; suyos son los siglos y los milenios. La participación en esta solemne vigilia es una seña de identidad. Todas las procesiones, por bellas y solemnes que sean, y vosotros -especialmente los mayores- lo sabéis bien, son preparación de esa sencilla procesión que se hace con un cirio nuevo cada año. En la noche de la historia y de nuestras tinieblas y oscuridades caminamos seguros tras esa columna de fuego que alumbra nuestro camino hacia la casa del Padre. Por eso cuando un niño nace o cuando uno muere encendemos ese mismo cirio. Tenéis bellas imágenes de Cristo en Damiel, pero la llama de fuego de ese cirio es la más expresiva imagen de Cristo vivo que nos comunica su espíritu.. Id a encender vuestra lámpara, vuestra candela, la velita que portáis en mano, de la luz de Cristo en el Cirio, cuya luminosidad no mengua al repartirla sino que gracias a vosotros se extiende por el mundo.
Esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
¿qué hubiera pasado si Dios no hubiera sacado del sepulcro a Jesús? ¿qué sentido tendría nuestra vida si el Espíritu no hubiera ungido esa carne que para siempre en el seno de la Trinidad será la carne del Viviente? ¿qué sería de Daimiel sin estos tres días enmarcados en la Semana que es la mayor de las semanas a causa de la Resurrección de Jesús de entre los muertos? Todo hubiera sido un fracaso y eso no es digno de memoria. Pero estas primeras horas del domingo son de la noche santa, noche sin dormir, donde la vida vence a la muerte. Por esta noche santo todo ha cambiado. Y, poco a poco, poco a poco, la creación va cambiando y rehaciéndose del pecado inicial. El pecado que llevó a Cristo al madero. Creación que va rehaciéndose de nuevo hasta Su vuelta al final de los tiempos, cuando ya no haya sol en el cielo que señales los días, o cuando la luna deje de brillar en la noche de los cielos. Cuando Él vuelva. Vivir esa Noche santa es el auténtico pregón; el autentico anuncio. Por la fuerza de esa noche el agua de nuestros ríos y pantanos tiene poder de santificar. El agua que corre callada y casta, humilde y fresca lleva en sí la misma vida que brotó del costado abierto del Redentor. La vida de Cristo se comunica por medio del agua y nos hace miembros de un pueblo santo
en el bautismo.
Los verdes olivos de esta nuestra tierra manchega -y digo nuestra, porque mi madre lo es- nos proporcionan el aceite. Varear los viejos troncos retorcidos que configuran el inmortal paisaje cervantino es buscar, ya en invierno, el aceite de la primavera para nuestros cuerpos. El primer sacramento es el Bautismo, enseñamos a nuestros niños; pero el segundo es la Confirmación. El espíritu Santo, el espíritu del Resucitado se transmite cuando somos tocados por aceite. Todos nosotros hemos sido ungidos -crismados- en el Bautismo y en la Confirmación por el aceite santo. El fruto de nuestras olivas, gracias a lo que pasó en aquella primera Semana Santa, tiene poder de santificar. Las prensas de esta villa daimieleña nos proporcionan el aceite que penetra en nuestros cuerpos y así hemos sido marcados para siempre. Ese aceite mezclado con perfume ha hecho que seamos buen olor de Cristo para que donde estemos se nos note como cristianos. Impregnados con el aceite sagrado -crisma- impregnamos nuestros ambientes con la presencia positiva de Jesucristo. Estos olivos, porque hay Semana santa, porque Cristo está vivo, comunican vida, sanación. Y así, los ancianos y los enfermos piden la unción de ese aceite para vivir en la vejez y la debilitadla fuerza que brota de la cruz y del sepulcro vacío. La fuerza y la gracia de estos tres días que se prolongan durante todo el año y en todas las circunstancias de nuestra vida. Con aceite de vetustos olivos plantados por nuestros abuelos las manos de algunos de vuestros jóvenes varones han sido ungidas. Cristo Sacerdote, el Único, el Grande, el Eterno, el Viviente después del patíbulo de la Cruz, se hace presente en las manos ungidas de los ministros.
Hace esto en conmemoración mía. Hay que hacerlo. Vamos a hacerlo. Estamos destinados a hacerlo. Han salido no pocos curas de esta villa, auténticos servidores del pueblo y de Dios, voz de los pobres, bendición del amor de las parejas, presbíteros que aconsejan y enseñan, que guían y santifican, que son memoria de lo que ocurrió en la primera Semana Santa. Cuando una vocación sale de una cofradía es signo de que esa hermandad está viviendo bien itinerario.
El olivo cobija la vid. Tantas veces los viñedos lindan con los trigales. El trigo se molió en el molino, la uva se pisó en el lagar como Cristo, Varón de Dolores, Siervo en el Sufrimiento, se dejó pisar. El pan y el vino serán, en las manos de los sacerdotes que invocan el Espíritu del Resucitado, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entrega a la muerte y que, porque está vivo para siempre, se hace verdaderamente presente en nuestros altares. El nos invita Venid, Tomad, comed. De ahí la importancia de la confesión y de la comunión pascual.
 
b. El Día de Pascua de la Resurrección
La Misa del día de Pascua se celebra con la máxima solemnidad.   Somos
asperjados con el agua bendecida durante la celebración de la Vigilia.
Vemos en ella el agua que brotó del costado del Redentor como un torrente
de vida.
La Semana Santa de las dos parroquias de Daimiel, donde radican las ocho
cofradías, como la Semana Santa de todas las catedrales, parroquias y
comunidades de la Iglesia toda es sólo un ensayo general. Sólo eso.
Vistoso, gozoso, alegre, penitente, esperanzado... para la gran liturgia del
cielo.
El termómetro que mide la temperatura del fervor de la Semana Santa es su
prolongación durante los cincuenta días de alegría, donde resuena en
nuestras voces el glorioso Aleluya. Este, -aleluya- será el canto eterno de los redimidos porque allá, en la vida eterna que nos garantiza el bautismo de la Pascua, allá no diremos más venga tu reino. Allá, en la eternidad sólo diremos Reina el Señor, sólo cantaremos un eterno amén y un aleluya sin fin en el gozo de la comunión trinitaria No más.
Anuncio y celebración en Daimiel cuyas calles engalanadas quieren recibir la imagen de su Señor, su santa Madre y los santos, donde el incienso volverá a quemarse como alabanza y reconocimiento ante el Misterio de la entrega, muerte, descenso a los infiernos y gloriosa Resurrección del Jesús, el Cristo, el Señor nuestro.
Y que iluminados por la luz de Cristo, representado en el cirio pascual. (El fuego es el elemento material más espiritual que vemos en la creación). vayamos pasando días de amargura y desolación, soledad y angustia, pero sembremos paz, anunciando y pregonando lo que celebramos festivamente: esperanza en el Señor de la gloria.
Documentos adjuntos
Pregón Semana Santa 2008
 
Pregón 2007 de Doña Mª Angeles Fernández Muñoz publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
Pregón de Semana Santa del 2007
Pregón 2006 de Don Miguel Esparza Fernández publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
Pregón del año 2006
Pregón 2005 de Don Vicente Carranza Escudero publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
PREGÓN DE SEMANA SANTA EN DAIM1EL. AÑO 2.005
Pregón 2004 de D. Antonio Algora Obispo de Ciudad Real publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
La pasión de Cristo
Pregón 2003 de D. Carlos Moreno Millan publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2003