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Pregón 2003 de D. Carlos Moreno Millan
PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2003

 PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2003

Las primeras luces del otoño caían ya tímida y suavemente sobre la inmensa llanura manchega, las mañanas nacían radiantes y los atardeceres, hermosos, sosegados. Eran los primeros días del mes de Septiembre de 1.981 y allá en el restaurante Nueva Tierrallana, en la carretera de Ciudad Real, los daimieleños, mis amigos de Daimiel, que durante casi cuatro años me habían obsequiado con su sencillez, cariño y hospitalidad, decían adiós al Juez de Instrucción; a un Juez que en esta tierra, acogedora e hidalga, había iniciado su andadura judicial.
 
En vosotros daimieleños encontré ayuda y desinteresada colaboración tanto en mi entorno personal, como profesional. Por eso y por muchas otras razones, mi estancia entonces entre vosotros, ocupa y ocupará siempre un lugar preferente en mi corazón y un recuerdo imborrable en mi mente.
 
Ahora transcurridos 22 años regreso a Daimiel, a la población en la que el escritor Víctor de la Serna buscaba la esencia del alma manchega, en la que contemplaba la artesanía de los serijos, la elaboración de los ricos vinos de la región quijotesca y en la que navegaba por su mar increíble.
 
Retorno a un lugar entrañable, como así lo describía Ángel de las Navas Pagán, con unas gentes honestas y laboriosas, a una ciudad manchega llamada Daimiel, a la que siempre se vuelve, de la que nunca se olvida uno.
 
Gracias a la Junta de Hermandades de la Semana Santa de Daimiel, a su Presidente Don Francisco García Simal por la atención y deferencia que me conceden al invitarme a pregonar una de las Semana Santa más importantes de la región castellano­manchega. Desde la emoción y la responsabilidad, quiero manifestar públicamente el orgullo que supone pregonar esta Semana Santa. Así se lo expresé al Presidente de la Junta de Hermandades cuando en el mes de diciembre último me ofreció, en nombre de dicha Junta, tal nombramiento y designación, que de inmediato, acepté ilusionado.
 
Se dice que pregonar es publicar, hacer notoria en voz altauna cosa para que venga a noticia de todos porque es conveniente que todos sepan.
 
Con mis palabras quiero transmitir la tradición, el fervor, la cultura y la religiosidad que presiden esta Semana Santa. Pretendo ser el portavoz de todos vosotros, de quienes de manera desinteresada colaboráis al engrandecimiento y esplendor de los desfiles  procesionales,  y  en  definitiva  a  mantener permanentemente encendida la llama de la ilusión, la superación y el trabajo diario.
 
Pretendo, por último, dar a conocer a todos, anunciar y proclamar los valores de pasión, fervor, fe y recogimiento que identifican la Semana Santa de esta querida tierra.
 
Es Semana Santa. Semana Santa en Daimiel.
 
Sin luz, porque llora el sol
Sin voz, porque muere el verbo
Sin alma, ausente la suya
Sin cuerpo, enterrado el cuerpo
Sin tierra, que todo es sangre
Sin aire, que todo es fuego
Sin fuego, que todo es agua
Sin agua, que todo es hielo.
 
Ya es Semana Santa en Daimiel. La ciudad, sus gentes, que sienten el esplendor y sobriedad de los desfiles procesionales, de la pasión y muerte de Jesucristo, se disponen, expectantes, a vivir su Semana Santa.
La Junta de Hermandades, que durante todo el año ha mantenido un inagotable ritmo de trabajo, actividades, reuniones e intercambio de criterios, opiniones e inquietudes con los Presidentes de las distintas Cofradías en pro de esta Semana  Santa, aguarda ahora, con la satisfacción del deber cumplido, el resultado y ejecución del trabajo bien hecho. El amor de sus integrantes, por su tierra, por Daimiel es la mejor garantía de éxito de tan difícil y noble empresa.
 
La ciudad se prepara para vivir su Semana Santa. En las iglesias y sedes de las cofradías hay una actividad inusitada. Se trasladan imágenes, se montan tronos y pasos, se limpias cruces y faroles, se instalan las rampas de salida.
 
En las familias nazarenas daimieleñas ya se ha iniciado el tradicional rito y proceso anual de preparación de la Semana Santa. De armarios y arcones se sacan túnicas y capuces, zapatos, sandalias, guantes, medias. Todo debe comprobarse, toda la indumentaria pasional se mima, se prepara adecuadamente para tan importante compromiso. Los sentimientos de fe y amor nazarena se transmiten de generación en generación, las cofradías se nutren con nuevos miembros, cada año se aportan e incorporan novedades, las familias nazarenas, exultantes de alegría, son testigos privilegiados de este rito ancestral, que hunde sus raíces en la historia, en la tradición y en el fervor. Padres y abuelos nazarenos, hijos y nietos nazarenos. Historia, continuidad, renovación, vitalidad, fuerza, pasión y orgullo.
Las cofradías de la Semana Santa, plenas de dedicación y entusiasmo muestran sus pertenencias, exhiben pletóricas sus atributos, y transmiten sones de fidelidad. Hoy cuando los sones de la fidelidad no se oyen, es saludable que ahora oigamos sus ecos, es sin duda lo que las Cofradías de Daimiel están haciendo, tratando de renovar con el mejor espíritu el tesoro de nuestras celebraciones pasionales.
Cofradías de Daimiel, enraizadas en una población manchega, históricamente integrada en la Orden de Calatrava, la más antigua de las Ordenes Militares españolas; Orden puramente honorífica y nobiliaria en la actualidad, tras la pujanza y relevancia que protagonizó siglos atrás, prestando excelentes servicios en las guerras de la Reconquista y logrando singulares privilegios que merecieron que el Papa Alejandro III aprobara su constitución y fueros.
 
Cofradías de Daimiel, de una población cuyo paisaje manchego, decía Miguel Delibes, es más dulce que el castellano, porque se encuentra en otro estado de madurez. Es la Mancha cambiante y maravillosa, donde el Guadiana intenta renacer abriendo sus ojos de par en par y cobra altura y densidad la vegetación. Es la Mancha de la gran laguna fluvial que reúne las aguas salitrosas y de curso inconstante del rió Gigüela y las dulces, de flujo permanente del Guadiana, paraje natural único, paraíso de una completa flora acuática, nido de aves sedentarias y lugar de paso obligado de aves migratorias.
 Recordaba Ricardo Ibáñez Gerez que no le falta razón a Graciano Escudero, compañero de quinta de S.M. Don Alfonso XIII cuando decía que "cuando en el rió Guadiana hay remansos cubiertos de nenúfares, puede decirse que el río tiene vida".
 
Cofradías de Daimiel, legitimas herederas de una larga y antigua tradición que comienza sus orígenes en la Edad Media, en aquella primitiva Cofradía no penitencial del Corpus Christi, la más antigua de todo el campo de Calatrava, y fundamentalmente en la Cofradía de la Vera Cruz, que las Relaciones de Felipe II en el año 1.575 menciona como primera Cofradía penitencial perfectamente instituida.
Decía Don Ramón Méndez Pidal que la historia es una inagotable frente de conocimiento y sabiduría. Historia de las Cofradías de Daimiel, frente constante para conocer en profundidad la Semana Santa de una población, su tradición y fervor popular. Para conocer una Semana Santa única, de las pocas de España que sigue un puntual orden cronológico a la hora de representar la pasión y muerte de Jesucristo; una Semana Santa arropada por la fe de su pueblo, incrustada en la forma de ser de las gentes de esta tierra, fiel reflejo del talante manchego, del sobrio talante castellano.
Cofradías de la Semana Santa daimieleña, es el momento de hacer su historia, de destacar su importancia, y de decir con respeto, admiración y gratitud los hombres de las nueve cofradías, sones armoniosos en el diario vivir de Daimiel.
 
1. Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
 
De la Iglesia de San Pedro, con su torre octogonal como testigo, un río de túnicas encarnadas y capillos blancos, comienza su recorrido procesional. Es Domingo de Ramos. La mañana radiante, Daimiel ha comenzado su pasión y ha querido hacerlo con un espléndido cielo azul de fondo, marco idóneo para el paso de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, obra de los Hermanos Rivas que da nombre a esta Cofradía fundada en el año 1.949.
 
Jesús el Profeta, el de Nazaret de Galilea entra en Jerusalén caminando sobre los mantos y ramas que la muchedumbre extendía a del Señor! las alturas!. su paso. (Hosanna! (Bendito el que viene en nombre (Bendito el Reino que viene de David! (Hosanna en las altura.
 
La muchedumbre entonces le rendía testimonio; hoy se renueva la admiración por Jesucristo, los niños ataviados como ángeles, las palmas que portan los nazarenos, y las ánforas quegraciosamente llevan las niñas vestidas de samaritanas, son expresión del testimonio de amor que rinden a Jesucristo.
 
 Entre olivos, palmas, flores
y "hosannas@ en la garganta 
cruza la figura santa 
del Amor de los amores.
Mas pronto los resplandores
de entrar en Jerusalén
se trocan por el desdén
por la burla y la Pasión.
(Abramos la procesión
y sigámosle también!.
 
2. Archicofradía de la Pasión.
 
Atrás quedan las palmas, lejanos los (Hosannas!, apenas se escuchan ya los vítores, los gritos y la algarabía, la tarde cae, los días pasan, el ruido se torna en silencio, las muestras de alegría en sobrecogedor recogimiento, y un manto de tinieblas parece inundar el día. Silencio, desnudez, quietud y noche te revisten Jesús, como los ángeles de tu muerte.
 
Es Martes Santo en Daimiel. Se agotan y se consumen las últimas luces del día, la noche, oscura avanza lenta y de la Ermita del Cristo de la Luz parte un nutrido grupo de nazarenos, que llevan sobre su cuerpo una medalla con el signo de la Pasión. Es la Archicofradía de la Pasión, aprobada por Pío IX en 1.861 y constituida en Daimiel en 1.907.
 
Su deambular es lento, sus túnicas, capillos, guantes y calzado negros, se confunden con la noche, y son viva expresión del Camino de la Cruz o "Vía crucis" que el Cristo de la Luz nos recuerda en la noche, todavía joven, del Martes Santo.
 
Momento idóneo para la meditación, el silencio y la oración. Camino de la Cruz, difícil y doloroso camino, aceptado por amor a los hombres, camino de redención, camino de salvación, camino
de sufrimiento.
 
Doña Emilia Pardo Bazán decía que en este Vía Crucis se ponía de manifiesto la doble naturaleza de Jesús. La humana de la persona que sufre y se resigna; y la divina que desde lo alto perdona.
Este Cristo de la Luz nos ilumina en nuestro particular vía crucis, es guía permanente para disipar nuestras dudas, para hallar luz en las incertidumbres e interrogantes, para sanar nuestra ceguera y alejamiento de Dios. Luz que ilumina nuestra vida cotidiana, que acompaña nuestra fe y nuestra esperanza y que nos enseña el camino del compromiso, de la responsabilidad y la solidaridad:
 
Con su traza velazqueña
 sale diciendo el Señor
que ha muerto por el Amor
que su Pasi6n nos enseña.
Nuestra pena se despeña
por la sangre derramada
y una postrera mirada
hacia el árbol de la Cruz
nos deja impresa su Luz
en el alma enamorada.
 
3.Real e Ilustre Hermandad Sacramental Santísimo Cristo del Consuelo.
 
La noche del Miércoles Santo, los daimieleños, por segunda vez, tienen la oportunidad de incorporarse al Vía Crucis, a esa piadosa devoción que nos enseñó María cuando, el mismo día y a la misma hora, recorrió el doloroso camino que su Hijo, momentos antes, había santificado y regado con su sangre.
 
Historia, tradición y sobriedad se conjugan armoniosamente en los nazarenos integrantes de esta Real e Ilustre Hermand4d Sacramental del Cristo del Consuelo, asociada en sus orígenes al gremio de los artesanos carreteros. Sus ordenanzas, que datan de 1.815, expresan y transmiten un profundo sentimiento de fervor y pasión, que se ha mantenido a lo largo de toda su evolución y vicisitudes históricas. La indumentaria de color negro, símbolo del dolor, forma parte de su identidad, de una singular identidad que se complementa con el escudo con la cruz de Jerusalén que portan sobre el capillo.
El Cristo del Consuelo, magnífica talla del escultor Castillo Lastrucci, es el titular de esta Real e Ilustre Hermandad.
 
El rostro de este Cristo de apacible agonía, de mirada perdida en el horizonte anochecido de la llanura manchega, es expresión dulce de la muerte.
 
Nos invita al consuelo, a que acudamos a su presencia para ser reconfortados. Es compañía frente a la soledad, refugio seguro para los errantes, fuerza para los débiles.
 
Hay consuelo en su nombre, hallamos consuelo en su mirada y encontramos consuelo en su apacible rostro. Nombre, mirada y rostro que transmiten un mensaje de amor a todos los daimieleños en este camino del calvario, en este vía crucis de esta Real e Ilustre Hermandad.
 
Te contemplo en esa cruz y siento frío
ese frío que me sangra desde el alma
que me brota al no encontrar entendimiento 
siendo amargo el sentimiento que desgarra.
Te contemplo en esa cruz y arden mis ojos 
que rechazan aceptar lo que vislumbran
más se niegan a alejarse de los tuyos
y morir encarcelados en penumbra.
Te contemplo en esa cruz y oigo silencio
que se postra ante la imagen de tu rostro
pues las aves no se atreven a su canto
y el gran Viento se refugia temeroso.
Te contemplo en esa Cruz y al fin, comprendo
me acarician dulces cantos de sirenas
que se muestran y proclaman tu victoria
desterrando de mi alma la tristeza.
 
4 Cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y Nuestra Señora de la Amargura.
 
Es Jueves Santo, momento culminante de la Semana Santa. Es el día del milagro de la Eucaristía, y los daimieleños rinden honor al Santísimo Sacramento, visitando de iglesia en iglesia, los denominados popularmente "Monumentos", bella expresión de un entrañable homenaje que se repite con tradición y fervor año tras año.
Es Jueves Santo, noche de Jueves Santo en Daimiel. Todo cambia en las calles. Es noche de silencio. Noche de recogimiento y amor y Daimiel sintiendo el silencio. Silencio en las calles, incógnitas en la noche oscura.
 
De la iglesia de San Pedro salen los hermanos de la cofradía del Santísimo Cristo de la Columna y Nuestra Señora de la Amargura, que acompañan a Jesucristo en su largo y penoso camino hacia la Cruz. Son los conocidos popular y cariñosamente como los "coloraos", fiel reflejo del color de la sangre, del color del sufrimiento de Cristo que esta histórica cofradía, asociada en sus orígenes con el gremio de los jornaleros, siente en lo más profundo del alma de sus cofrades y expresa gráficamente en el color encarnado de sus túnicas y capillos y en el corazón rojo con una columna y dos flagelos cruzados, que componen el escudo que lucen, orgullosos, sobre la capa.
 
Penitentes solidarios, solidaridad que simbolizan en la calabaza que algunos de ellos portan, y que según la historia y la tradición, contenía vino aguado para paliar, en lo posible, la deshidratación de Cristo como consecuencia de las heridas de la flagelación.
 
El primer paso que abre el desfile procesional es la Santa Cena, magnífica representación de la institución de la Eucaristía, considerado como el momento más solemne de la vida de Jesús. "Comed y bebed porque este es mi Cuerpo y mi Sangre que será entregado por vosotros". El Maestro, al pronunciar estas palabras, piensa en la efusión de su sangre, que va a tener lugar el día siguiente, en el Calvario. Y el fruto es universal: "por muchos"; y todo es para la remisión de los pecados. Es la confirmación del anuncio del Bautista al presentar al "Cordero que quita los pecados del mundo".
A continuación el paso de la Oración del Huerto, espléndida obra de los Hermanos Rivas, que avanza solemne en el silencio y recogimiento de las calles de Daimiel. Silencio para captar, en toda su extensión, el sentido de la frase que Jesús dijo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo en un lugar llamado Getsemaní: "Triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo".
Silencio y recogimiento para comprender que esta frase nos revelatoda la realidad de la naturaleza humana de Jesús, que siente repugnancia hacia la muerte, pero se resigna a ella por cumplir la voluntad del Padre.
 
Es el angustioso momento previo a la prisión de Jesús, a la presencia de Judas y de una gran turba, armada con espadas y garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Es el angustioso momento en el que Judas entrega a Jesús a la muchedumbre. "Aquel a quien yo besare ese es, prendedle". Jesús es entregado, traicionado; Jesús cautivo, prendido. Los hermanos de esta Cofradía, portan sobre sus hombros la figura de este Jesús Cautivo, obra escultórica de Germán Romero de Hombrebueno. Los sones de un tambor enlutado, sobrecogen el ánimo de los daimieleños. Que vaya en la procesión un tambor enlutado, se decía en las Ordenanzas del Santo Cristo de la Columna que datan del siglo XVIII. La crueldad del suplicio de la flagelación se representa con un realismo espectacular en la talla del mismo nombre, obra escultórica del maestro Gutiérrez Sánchez. Las penumbras de la noche manchega, las notas de la pieza musical "Flagelación" compuesta para esta Cofradía, y la suntuosidad, realismo y dureza de este grupo escultórico, se conjugan admirablemente para la expresión de dos profundos sentimientos: Dolor y fortaleza ante el sufrimiento físico. 
 
El Ángel cubre al Señor
con una capa de seda
para que en la espalda ceda
tan lacerante dolor.
(Qué afrenta y que deshonor
tener a Cristo amarrado!
Pilatos tras el lavado,
le está condenando a muerte.
Y va Jesús tras su suerte
por el Ángel consolado.
 
Jesús traicionado, entregado, prendido, flagelado, y además abandonado por los suyos, por sus discípulos, por quienes días antes le habían afirmado que nunca le negarían. Jesús sólo en su sufrimiento, en su dolor, en su largo y penoso camino hacia la Cruz. Pero esa soledad y abandono cobarde no es total. Alguien permanece imperturbable ante la turba, la muchedumbre, las burlas, la mofa, la flagelación. Únicamente su Madre, que nunca le ha negado, le sigue y le acompaña, sumida en el dolor, en el profundo dolor de una Madre, que con el alma dolorida, vive y siente la amargura de su Hijo camino del Calvario.
 
La magnífica talla escultórica de la Virgen de la Amargura, obra del maestro sevillano Castillo Lastrucci, que cierra este impresionante desfile procesional, representa la imagen del dolor, sufrimiento y amargura de la Madre de Jesús. El grandioso manto que porta es expresión de su inmenso cariño hacia su Hijo. El color rojo simboliza el dolor y el sufrimiento, y el verde la esperanza, la firme esperanza.
 
Destrozado el corazón
nuestra Virgen de la Amargura
luce su digna figura
centrando la procesión.
Me acendra la devoción
ver a la Madre apenada
porque una sentencia airada
cual Simeón le predijo,
ha condenado a su Hijo
y marcha desconsolada.
 
El silencio, fervor y recogimiento de las calles de Daimiel, han sido testigos de excepción de la institución de la Eucaristía, del diálogo con Dios a través de la oración, de la fortaleza ante el sufrimiento y de la fidelidad y amor sin límites de una Madre. Espléndidas representaciones procesionales, que simbolizan tan nobles valores y sentimientos.
 
5. Cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno.
 
Han transcurrido pocas horas, aún parpadean en el cielo las últimas luces de las estrellas y la luna llena despide su postrero resplandor.
 
El nuevo día despunta. La ciudad se despereza. La primera brisa que acaricia Daimiel, en la mañana del Viernes Santo, mece suavemente las túnicas moradas de los hermanos de la Cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se abre la puerta de la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, para mostrar al mundo entero, la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. La gente, el pueblo, aguarda impaciente en la plaza la salida de los desfiles procesionales, de los espléndidos grupos escultóricos que a hombros de los naz4renos van a recorrer las calles de Daimiel, que poco a poco van cobrando luz, luz radiante del sol que amanece y luz radiante que emerge de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Son las primeras horas del amanecer del Viernes Santo, el gran día de la Semana Santa de Daimiel, el día penitencial por excelencia.
 
Dice la tradición y así se cumple año tras año, que cuando el primer rayo de sol ilumina el pretil de la Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, cuando el día empieza a despertar, se pone en marcha la Cofradía más antigua de esta población, sus primeras Ordenanzas se aprobaron en el año 1.622, y una de las más numerosas de toda España, pues cuenta casi con 5.000 hermanos cofrades. Cofradía asociada en sus orígenes con el gremio de los gañanes y de la que S.A.R. el Príncipe Felipe es, desde 1.998, Hermano Mayor Honorario.
 
Las puertas de la Ermita de Nuestra Sra. de la Paz se abren de par en par, Nuestro Padre Jesús Nazareno, que tan celosamente custodian durante siglos las monjas carmelitas, va a iniciar su recorrido procesional. La expectación es inenarrable, el fervor y el amor hacia esta imagen no tiene límites, pues la devoción del pueblo de Daimiel sobrepasa incluso el interés de la Semana Santa. Es Nuestro Padre Jesús, el Nazareno de los nazarenos. A él está dirigida la primera oración del hermoso amanecer daimieleño.
 
Rayos de sol primaveral que surcan los rostros del Niño Jesús a hombros de los nazarenos, de Cristo coronado de espinas, del Maestro ante Pilatos, de la mujer Verónica, de Jesús hablando con las mujeres, del Cirineo. La procesión avanza entre el fervor y la admiración popular. Perfiles de nazarenos dibujando de color morado nuestras calles y plazas en interminables hileras, quebrando el paso bajo el peso de los tronos. Algunos caminan descalzos e incluso con cadenas. Portan sobre el capillo una corona de espinas, y sobre el hombro izquierdo una cruz de madera maciza de color negro y al cuello la medalla de la cofradía. Signos externos claramente demostrativos de una forma de hacer penitencia.
 
Jesús Nazareno con la cruz a cuestas avanza por el camino del calvario. Camina inclinado, vacilante por el peso de la cruz. Cruz que le hace caer por tres veces y que obliga a entrar en escena a un hombre para que le ayude a llevar la cruz. Simón Cirineo.
 
Nuestro Jesús Nazareno
cruza el pueblo en la alborada
mientras la gente callada
ve su semblante sereno.
Alguien a grito pleno
lanza su saeta al viento,
corre un estremecimiento
por las almas doloridas,
pues son muchas las heridas
y terrible el sufrimiento
 
Este largo y penoso camino de Jesús hacia el calvario, cargado con la Cruz, es un camino de dolor y sufrimiento, pero a la vez de escenas rebosantes de ternura.
 
Son los encuentros, los encuentros con su Madre, con las mujeres de Jerusalén, con Simón Cirineo, con la Verónica. Todos le ayudan y le reconfortan, le dan de beber, le limpian la cara, le ayudan a llevar la cruz. Solidaridad de un pueblo, hermosa lección. El encuentro con su Madre, con una madre apenada que intenta aliviar al hijo de todo sufrimiento y dolor. Su mirada expresa el más profundo sentimiento de ternura, la emoción se desborda. Es la mañana del Viernes Santo. Es la impresionante talla de la Virgen del Primer Dolor.
 
El encuentro con la Verónica también es espectacular, vibrante y emotivo, el rostro ensangrentado de Jesús queda impreso, grabado en el paño blanco con el que la mujer quiso darle consuelo, alivio, ayuda.
 
Esa mujer que pone sobre tu rostro el lino 
rostro donde la angustia infinita perdura
es como un árbol tierno en medio del camino
vuelo y sombra, que al aire inclina su espesura.
 
A su lado conforta tu cuerpo peregrino
tras las ramas el viento besa la frente pura
y sobre tu alma cándida en rumoroso trino
late un nido de alondras donde el amor madura.
Ya vuelve tu palabra de amor. En esas manos
se alza la blanca estela de la paz prometida
la divina promesa de tus labios humanos.
Las alondras renuevan el himno de la vida
en este instante henchido de sus vuelos tempranos
mientras tú nos ofreces tu pasi6n encendida.
 
6.-Cofradía del Santísimo Cristo Expiración y Nuestra Señora de los Dolores.
 
Cuando los tonos de color violeta de la mañana empiezan a extinguirse, un velo negro cubre Daimiel. Es la tarde del Viernes Santo, quizás la más nazarena de nuestra Semana Santa. Dicen que el cielo se oscurece y que las tinieblas se extienden sobre la tierra. Un manto de tristeza invade la ciudad, se presagia, se adivina la hora fatal, el momento sublime de la crucifixión.
 
A esa hora parten de la Iglesia de Santa María La Mayor hermanos cofrades que visten de blanco, con capa y cíngulo morados, y sobre el capillo una cruz también de color morado. Es la cofradía de los "blancos", fundada en el año 1836 en el convento de las Carmelitas Descalzas. Es la Cofradía del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores, vinculada en sus orígenes con el gremio de los barberos y comerciantes.
 
Los dos impresionantes pasos titulares de la Cofradía, San Juan y Nuestra Sra.  de los Dolores, abren y cierran respectivamente el desfile procesional portados a hombros por los hermanos cofrades. Es el momento, la hora cumbre de la Pasión, por eso este desfile proocesional es una inmejorable representación de la cruficixión, elevación, expiración y muerte de Jesús y del dolor de Maria, presidido por San Juan el evangelista.
 
Con el dedo señalando
la imagen del Redentor
nos muestra Juan su estupor
por cuanto viene pasando.
No comprende cómo y cuándo
terminó su caminar
hasta el pie de aquel Altar
desde el que Jesús le dijo:
(Madre he ahí a tu hijo!
y ya no puede olvidar.
 
Llega Jesús al sitio llamado Gólgota, que quiere decir el lugar de la calavera. Allí le crucificaron, se dividieron sus vestidos echándolos a suerte, y sentados hacían guardia. Sobre su cabeza pusieron escrita su causa: Este es Jesús, el Rey de los Judíos. Los que pasaban le injuriaban e igualmente los príncipes de los sacerdotes, los escribas y ancianos se burlaban y decían: "Si en verdad eres el Hijo de Dios baja de esa cruz y sálvate". Las tinieblas se extendieron sobre la tierra, y Jesús dando un fuerte grito, expiró. La mirada perdida en lo alto. Las rodillas y pies ensangrentados, la corona de espinas que le hacía sudar sangre.
Cristo de la Expiración. Espléndida talla barroca, que se atribuye a Alonso Cano. Esplendor barroco.
 
Con la mirada en el cielo
perdonando al que le grita,
vas acudiendo a la cita
que tienes en nuestro suelo.
Sufrimiento, muerte, hielo...
Siete palabras y luego
queda la prueba del fuego
de tu expirar en la cruz
pero nos dejas la luz
que ilumina nuestro ruego.
1
Junto a El la Madre, su Madre y nuestra Madre. Dulce rostro del dolor. Manos que quisieran abrazar el frío cuerpo de su Hijo y que entreabiertas parece como si nos las tendiese buscando consuelo, calor y comprensión. Rostro que es una viva expresión del dolor. Dolor que atraviesa el corazón de una madre que pierde a su hijo. 
 
(Qué espada de dolor, Virgen María,
mirar a Dios, tu hijo, maltratado,
el verlo con la cruz desamparado!
(Qué luz de sufrimiento en negro día! 
)Se quebró por valor tu sintonía?
)Se quebró por temor tu fe y tu calma?
)Acaso fue la cruz o bien su alma
sangrante del dolor que en ella había? 
(Qué diálogo sin voz, qué mudo llanto 
gimió entre las tinieblas del encuentro:
torrente de emoción, fúnebre planto! 
Tu fuerza inmaculada, desde dentro,
roció de firme fe tu triste manto,
creyendo en tu Jesús, aún siendo muerto.
 
7. Cofradía del Santísimo Cristo del Sepulcro.
 
 Daimiel pletórico en su Semana Santa, integrado y participe en la pasión y muerte de Jesucristo, se viste de negro, totalmente de negro, como la noche que ya cae sobre la ciudad. Túnicas y capillos negros, salen de la Iglesia de San Pedro. Los componentes de la Cofradía del Santísimo Cristo del Sepulcro, vinculada en sus orígenes con el gremio de los artesanos carpinteros, aparecen en las calles repletas y silentes de Daimiel. Caminan sosegados, lento el paso, triste la figura. La Hermandad oficial de la Semana Santa, toma protagonismo, pues sus cofrades son los encargados de acompañar a Jesús en su recorrido hacia el sepulcro. La población, se suma también, y manifiesta públicamente el dolor ante la muerte de Cristo. Se acentúa el sufrimiento de María. Roto el corazón, la Piedad sostiene en su regazo a su hijo muerto y la cruz, abrazada por un lienzo blanco, nos muestra la realidad de que todo, absolutamente todo lo anunciado se ha consumado.
 
Este que vuelven, Madre, a tu regazo, 
Cristo hediondo, muerto, descendido, 
inasequible ya para tu abrazo,
es el Amor, para tu amor perdido,
Dolor más que dolor, en esta hora,
en divina carroña convertido. 
Carne que quiso lanza pecadora, 
desparramada sangre en agonía,
vida que es ya miseria redentora. 
A tu regazo vuelve, Madre mía,
y tu regazo al peso se estremece;
(no hay más dolor que el tuyo de este día!. 
Dolor que en su dolor a Cristo mece,
en tu garganta clavo atravesado,
en tu pecho, puñal, que desfallece.
 
Cristo muerto en tu pecho reclinado, 
despojo redentor, sublime escoria,
para la Humanidad humanizado:
(podredumbre arrancada de la Gloria!
 
Dicen los evangelios, que llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, de nombre José, discípulo de Jesús. Se presentó a Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilatos entonces ordenó que le frese entregado. Él, tomando el cuerpo lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro, del todo nuevo que había sido excavado en la peña y corriendo una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue.
 
Bajo las frondas del huerto
que está mirando al Calvario,
avanza un triste cortejo
lentamente, paso a paso. 
Va a enterrar al nazareno
envuelto en un lienzo blanco,
y al pasar la comitiva
con el cuerpo ensangrentado
camino de aquel Sepulcro
que ha de ofrecerle descanso
la luz se niega a mirar,
cierran sus ojos los astros,
el viento pliega sus alas,
las flores cierran sus tallos.
Y es tan triste aquel desfile,
tan doloroso aquel cuadro,
que invadido de temor
hasta el silencio ha callado. 
Solo en las cumbres del monte
tres cruces lo están mirando.
 
8.Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.
 
Los desfiles procesionales del Viernes Santo, que se iniciaron con las primeras luces del día, con el primer rayo de sol en la Iglesia Nuestra Señora de la Paz, concluyen ahora, avanzada ya la noche con los nazarenos "corbatos". Túnicas blancas, color del luto del pueblo hebreo, capillo y capa negros y un corazón blanco con siete espadas, bordado sobre el capillo, definen la indumentaria que portan los nazarenos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.
 
 Desde la Iglesia de San Pedro, los componentes de esta cofradía portan a hombros la espléndida talla escultórica de la Virgen de la Soledad. Soledad que lloras en desamparo. Virgen que sola vela a su hijo muerto. El color blanco inunda las calles de Daimiel. Blanco es el dolor de Nuestra Señora de la Soledad, y blancos son los adornos florales que arropan la imagen de Maria de la Soledad. 
 
Ella, Ella y su amargura
Ella su amargura y Ella.
Y en su desolaci6n
su lección de amor extrema.
Después... las flores desisten
de seguir dando su aroma:
lo consideran superfluo
al ver que la Virgen llora.
 
9. Hermandad Provincial del Silencio. Cofradía María Desolada Reina de los Mártires.
 
Amargura, dolor, pena, soledad, desolación. Estas palabras definen de manera cierta, los sentimientos de María, de una Madre que se encuentra sola, tras haber seguido, paso a paso, el duro camino de la pasión, muerte y redención de Jesucristo.
 
Una Madre abrumada ahora por el dolor una Madre que ha perdido a su Hijo, que se encuentra apenada, sumida en la tristeza, que siente el vacío y la ausencia de su hijo. Es Maria Desolada.
Es Sábado Santo en Daimiel. Mañana, atardecer y noche de tristeza, de soledad, de profundo y elocuente silencio. Es una jornada dedicada principalmente a María.
 
A la Cofradía de Maria Desolada, Reina de los Mártires, le corresponde el alto honor de rendir tributo a esa desolación de María y de transmitir a los daimieleños, en el apacible anochecer del sábado, los sentimientos de una Madre ante la ausencia de su Hijo. Es la Cofradía de más reciente fundación, pues data de 1.950, siendo reconocida como Hermandad Provincial en 1.966. Los Reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía pertenecen a su Junta de Honor como Presidente y Camarera de Honor, respectivamente.
 
Los pasos del Cristo de la Buena Muerte y el Calvario que junto a María Desolada integran el desfile procesional, son viva expresión y simbolizan todo el proceso de la pasión y muerte de Jesucristo.
Son etapas imborrables que María en su desolación, recuerda, pues forman parte de un itinerario de dolor y sufrimiento: los Siete Dolores de la Virgen, siete espadas de dolor profundo que María, Madre, asume en su cooperación a la obra redentora de Jesucristo.
 
Este anochecer del Sábado Santo daimieleño, es un anochecer de penitencia y meditación, en el que María Desolada centra el protagonismo. Cruces penitenciales de los Siete Dolores de la Virgen; la profecía sobre la muerte de su Hijo, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús-Niño, la condena injusta de Cristo, la crucifixión, la agonía del Hijo amado y la acogida de Cristo muerto en su regazo. Meditación; en definitiva, sobre la íntima cooperación de la Virgen en la obra redentora de Jesucristo.
 
Emotivo y sobrecogedor mensaje en el ocaso de esta entrañable Semana Santa de Daimiel. Maria Desolada avanza lentamente en la oscuridad de la noche y a su paso su presencia se refuerza aún con más intensidad en los corazones de las gentes de esta población.
 
Desolación de María, protagonismo compartido en la pasión y muerte de Jesucristo que ahora aguarda esperanzada, junto a todos nosotros, el alba triunfal del domingo de Resurrección.
 
Qué misteriosa luz, Madre amorosa
brilla en la inmensidad de tus dolores,
que transforma tus lágrimas en flores
y en risa tu mirada dolorosa? 
Que resplandor azul, qué esplendorosa
constelación de luces de colores
envuelve tu mirada de fulgores
e ilumina tu boca misteriosa? 
Es que el gozo hoy suplanta a tu amargura;
tu llanto ya es sonrisa iluminada
y célica y fulgente es tu belleza... 
Y al ver la inmensidad de tu dulzura
Daimiel llora de amor, emocionada
por el gozo triunfal de tu realeza.
 
Nuestro Vía Crucis ya toca a su fin. A lo largo de la semana, las magníficas tallas escultóricas, que han recorrido las calles y plazas de esta población a hombros de los esforzados nazarenos, nos han mostrado las imágenes de Cristos plenos de amargura y dolor, que sin duda alguna constituyen fiel expresión del estado y condiciones de sufrimiento de muchas personas. En la actualidad Cristo continúa siendo crucificado en quienes sufren enfermedad, en quienes viven en soledad, padecen hambre, sufren guerras, en quienes son marginados y discriminados, en quienes sufren la violencia. Que nuestra Semana Santa reconforte nuestros corazones, nos haga más solidarios, más partícipes y más comprometidos con quienes sufren y padecen.
 
Gracias Sr. Presidente de la Junta de Hermandades, gracias Daimiel, por invitarme a pregonar una Semana Santa plena de recogimiento, de recuerdos, de historia, tradición, emoción y fervor religioso, que han sido y son, en definitiva, los sentimientos que mis palabras han querido transmitir, lo que he querido pregonar y lo que he querido hacer notorio para que sea conocido por todos. A mí me ha correspondido, por amable invitación de esta Junta de Hermandades, ese honor, que os agradezco de todo corazón.
 
 No cabe la menor duda, como decía Ángel de las Navas Pagán que a Daimiel siempre se vuelve y que de Daimiel nunca se olvida uno.

 Daimiel, Abril de 2.003.

Documentos adjuntos
Pregón Semana Santa 2003
 
Pregón 2008 - Manuel González López-Corps, Pbro. (Madrid) publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
D. Manuel González López de Corts - Pbro. (Madrid)
Pregón 2007 de Doña Mª Angeles Fernández Muñoz publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
Pregón de Semana Santa del 2007
Pregón 2006 de Don Miguel Esparza Fernández publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
Pregón del año 2006
Pregón 2005 de Don Vicente Carranza Escudero publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
PREGÓN DE SEMANA SANTA EN DAIM1EL. AÑO 2.005
Pregón 2004 de D. Antonio Algora Obispo de Ciudad Real publicado el miércoles, 15 de julio de 2009
La pasión de Cristo