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Orígenes
Historia de la Archicofradía de la pasión

La Cofradía de la Pasión de Daimiel fue erigida canónicamente por el Superior General de la Congregación Pasionista, hoy, Beato Bernardo Silvestrelli, el 1 de Octubre de 1907, tomando como titular al Santo Cristo de la Luz. El día 28 de abril de 1908, festividad entonces de San Pablo de la Cruz, Fundador de los Pasionistas, aprovechando la inauguración del nuevo convento, los primeros seglares recibían el escapulario de la Pasión, como signo de pertenencia y distintivo de la Cofradía. Fue confirmada el 26 de Diciembre de 1918 cuando el Papa Benedicto XV elevó la cofradía de la Pasión a la categoría de Archicofradía y nombró como sede central de la misma el Santuario de la Scala Santa en Roma. Aquí en Daimiel, la Archicofradía fue reconformada el 16 de Julio de 1957.

Desde su fundación, la Archicofradía viene participando de los cultos de la ermita y reforzando la acción social, sobre todo con proyectos de ayuda a sectores de misiones en América y África, pero el punto de mira principal es anunciar el Evangelio de la Cruz, dar a conocer la Pasión de Jesús con la palabra y con la vida.

Especial relieve merece la Semana Santa. Es el tiempo pasionista por excelencia. El Vía Crucis del martes santo es la principal manifestación pública que tiene la Archicofradía de la Pasión en Daimiel. Preside el Vía Crucis la imagen del Santo Cristo de la Luz que desde el año 1956 se viene procesionando por las calles de los barrios más humildes de nuestro pueblo. La Imagen es obra del escultor vizcaíno Rafael Irurozqui, tallada en madera de Abedul el año de 1965.

La indumentaria de los hermanos es muy pasionista: viste túnica, capillo, guante y calzado de color negro, así como la correspondiente medalla o escapulario con el signo de la Pasión, perpetuando, así, el luto por la muerte de Cristo. Ciñen la cintura con un cinturón negro del cual suspende el rosario. De esta manera los hermanos de la cofradía forman una gran familia pasionista y son los protagonistas de la noche del martes santo acompañando la imagen del Santo Cristo de la Luz. Con este acto recordamos el misterio de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. A este proyecto de amor quedamos todos invitados, pues, como nos dice uno de los versos de nuestro himno: “Tu pasión me apasiona y tu ademán, en sazón de holocausto, me reclama a vivir junto al árbol de tu Cruz”.